miércoles, 25 de julio de 2012

Y sigue dando guerra.

Después de llevar ya desde Noviembre con la dichosa bursitis, parece que me van a dar una mínima solución aunque no estoy muy seguro de que funcione cuando se llevan tantos meses de retraso.

Fui al trauma la semana pasada con la idea de que o me daban una solución o ponía una queja por todo lo alto. Parece que fue lo primero, al menos en teoría.

Como bien sabéis, llevo muchos meses con el dolor de cadera y hasta ahora era medio soportable pero ha llegado un momento en que el dolor incluso con pastillas es superior a mí.

Después de darme infiltraciones y parches y que nada funcionara, estaba barajando la posibilidad de pasar por quirófano para quitarme las bursas, ya que en principio es una intervención fácil pero el trauma después de confirmar que estoy hecho una mierda por esa zona, lo descartó de momento.

En principio me van a llevar al hospital a hacer rehabilitación con los fisios de allí para que me pongan corrientes y calor en las caderas. En mi opinión esto llega meses tarde ya que está van inflamado que ya cualquier roce me molesta.

Pero como yo soy el pupas pues se me une un esguince en el pie izquierdo que encima se está cogiendo una mala postura y amenaza con quedarse para abajo y perder la movilidad del tobillo, lo que quiere decir, que cuando me ponga con los bitutores sea dolor. La solución de momento, una ortesis para hacer sujeción y que vuelva a su posición original.

Así que ya veis, todo igual. Mismos dolores y la cosa estancada.

Os seguiré contando. Un abrazo.

miércoles, 6 de junio de 2012

A perro flaco todo son pulgas.

Llevaba ya bastante tiempo sin escribir en el blog fundamentalmente para ver sí había mejoría en mí, pero visto que no la hay que pongo a escribir.

Estuve ingresado en el Hospital San Pedro de Alcántara durante una semana por una inyección de orina, que afortunadamente se solucionó pero que trajo consigo otro problema aún mayor.

Al ingresar por Urgencias me tuvieron doce horas sobre una camilla en un pasillo con 42 grados de fiebre y sin cambiarme ni siquiera de postura, lo que supuso que me saliera una úlcera por presión necrosante en la cadera derecha.

En principio me dijeron que quirófano para salvar la úlcera que ellos mismos habían creado, pero mi madre les dijo que no y la intentaría curarla ella y mi enfermera en casa.

Para quién no sepa lo que es una úlcera por presión es una herida que crece hacia dentro de la carne pudiendo llegar a hueso y pudriendo todo lo que haya a su alrededor.

Tras tres meses e muchos dolores y curas interminables parece que se está terminando de curar, aunque aún queda.

A esto hay que sumarle que siguen sin dar una solución a mi bursitis de la cadera izquierda y con la que llevo desde el mes de Noviembre y que en ningún momento me ha dejado de doler, sólo que me he acostumbrado a el.

Toda esta serie de cosas han propiciado a que no pueda hacer rehabilitación. La gano una hora a la semana y por hacer algo. Comparar eso con las tres hospital diarias que suelo hacer.

He perdido mucha fuerza, musculatura y quizás lo más importante los ánimos, ya que por sí fuera poco después de estar desde Nochebuena sin salir salí el otro día y ahora tengo una enorme contractura en toda la espalda que no me deja casi ni sentarme.

En definitiva que ni las fuerzas ni los ánimos me acompañan últimamente. Siento decirlo que he aflojado, no por voluntad propia, sino por palos de la vida, ya que a perro flaco todo se le vuelven pulgas.

lunes, 23 de abril de 2012

¿Qué son cinco años en el resto de tu vida?

Esta entrada la tenía que haber escrito ayer, pero entre unas cosas y otras se me pasó y la escribo hoy, que en el fondo es lo mismo ya que el mensaje que quería dar ayer sirve para hoy y para dentro de un siglo.

Todos conocéis mi historia y encima más aún si habéis leído las entradas de "Recuerdos", pero siempre quedan cosas nuevas que aportar y siempre queda dar las gracias a gente que te sorprende.

Bien es cierto que cinco años son muchos años, y más si lo piensas en días pero no son tantos comparado con lo que me queda por vivir.

Está claro que tener 25 años y estar en mi situación no le gusta a nadie de nadie, pero ¿y toda la experiencia que he acumulado y las personas a las que esto me ha dado la oportunidad de conocer?.

Siempre había escuchado que las gente de Valladolid era seca y que costaba ganarse su cariño. Yo no niego que sea cierto, pero en mi caso es todo lo contrario.

Es raro que un chico que ni siquiera es de allí reciba todo el cariño que me estáis tanto y más cuando ves cosas como la que ha promovido Rubén Arranz, una vez más gracias.

Personas, que a la gran mayoría no conozco, te mandan animos y sienten como suyo el día al día que yo estoy pasando, es lo más bonito que a uno le puede suceder.

Yo ya lo he dicho muchas veces que mi ilusión es poder ir a Valladolid un día y hacer una quedada con todas esas personas para poder darles las gracias y conocerlos uno a uno y no solamente a través de una pantalla de ordenador.

Desde aquí os digo que voy a seguir luchando los años que me queden por vivir y aunque esto no dependa de mi ni siquiera de ninguno de vosotros, espero celebrar algún título del Pucela saltando y corriendo por todo Valladolid.

domingo, 22 de abril de 2012

El infierno no es tan malo.

Mucha gente piensa que 98 millones de euros hacen que ames a un club pero todos sabemos que no es verdad.

Hace cinco años el mundo pegó un giro para mi, podríamos decir difícil de aceptar. Y de hecho lo es.

Todo el mundo tiene sus debilidades y la mía tiene nombre y apellidos: Real Valladolid.

Bien es cierto que hasta ese día nuestro destinos nunca habían estado unidos y de verdad nunca pensé que un chico de Cáceres se pudiera unir a el devenir de un club lejos de su lugar natal.

Cuando pisé por primera vez Valladolid sentí que allí estaría agusto pero nunca pensé que me pudiera enamorar de sus calles y más aún de su equipo.

Muchas son las cosas que os podía contar sobre el Real Valladolid, pero quizás todas aburridas, pero si una en especial.

Era el día del Barça vs Madrid. Mi fisio me había dicho que si me iba con él y sus amigos a ver el partido. Me puse la camiseta de Cuenca y acepte.

El resultado del partido era lo de menos. Llegué a casa y me disponía a escribir, cuando un tweet de @rubopucela me llamó la atención.

Lo abrí y me puse a leer. ¡Maldita la hora!. Llevo aún hora y media llorando y sin saber como hilar dos palabras seguidas para dar algo de sentido a esta entrada.

Frases y palabras que llegan al corazón, más incluso de personas que aún no he tenido el gusto de conocer y que te abren su alma para decirte ánimo.

Nunca se me dio muy bien escribir, soy de ciencias puras, pero siempre intento plasmar lo que siento.

A estas horas 3.45 de la mañana lo que me apetece escribir es esto:

PUCELA TE QUIERO! GRACIAS AMIGOS Y NOS VEMOS EN PRIMERA!

viernes, 20 de abril de 2012

Recuerdos. Pueblo.

Después de darme el alta mi primera parada fue mi pueblo (Arroyomolinos de la Vera) que fue el primer sitio que mi familia pudo adaptar.

Mi casa del pueblo tenía en la planta de abajo un garaje enorme que sirvió para hacer otra vivienda abajo. Un salón, dos habitaciones y un baño. Tampoco se necesitaba más ya que el único que dormiría abajo sería yo.

Cuando llegué era todo tan parecido pero a la vez tan diferente. La verdad no me gustó nada quedarme sin garaje ya que allí pasaba las siestas en verano jugando a la diana o al ordenador con mi hermano, pero las circunstancian mandaban.

Llegué tarde y solamente recibí la visita de mi familia más cercana. Temía el día siguiente porque la gente que tenga pueblo ya sabrá como es la gente y aunque lo hacen con buena intención acaban agobiando tanta visita, pero por suerte la gente fue muy considerada y comprendió que era un chico joven y que las visitas que debía recibir eran de mis amigos y de la gente joven, y que las visitas de la gente mayor debían ser atendidas por mis padres y abuelo. 

A todo esto, era Navidad por lo tanto el pueblo estaba lleno de gente y todos mis amigos estaban allí y se pasaban las horas muertas en mi casa eso si siempre regando la garganta con vino de pitarra y cervecitas de mi nevera. Hay que decir que yo también lo hacía, para eso tenía 21 años y ganas de vivir, que una cosa es ser discapacitado y otra es ser joven.

El día de Nochebuena había llegado y yo aún no había salido de casa desde que había llegado de Toledo. Entre mis amigos tenemos la costumbre desde hace mucho tiempo de ir al bar en Nochebuena y Nochevieja por la tarde y cogernos unas cajas de cervezas para ir "animados" a la cena. Evidentemente esa costumbre debía seguir. Yo por supuesto no quería salir de casa al bar más que nada por no encontrarme con la gente y dar explicaciones, pero entre mis amigos y mi familia me "obligaron" a hacerlo.

Era el primer contacto con el mundo "real". El bar en el que tantas y tantas veces había entrado ahora me parecía diferente e inaccesible. Un pequeño bordillo en la entrada era el primer problema, eso si fácilmente salvable con la ayuda de mis amigos.

Cuando entre en el bar se hizo el silencio en el como si hubiese entrado un fantasma, sé que tenía pinta de ello pero no lo era. Gracias a Dios ese silencio duró poco y pronto toda la gente vino a saludarme y a darme ánimo. Primera prueba superada.

Después de todo eso llegó mi primer viaje a Valladolid por un gran motivo, la página Blanquivioletas había organizado un torneo de peñas con mi nombre y lo recaudado iba destinado a mí. 

Fue un día muy especial para mí. Toda la gente se portó estupendamente conmigo y me regalaron muchas cosas, todas ellas están en mi habitación. Lo que si llamaba la atención a la gente es que no hubiera cogido asco o tirria a Valladolid y al equipo. ¿Acaso cuando tú te peleas con tus padres o hermanos les coges asco o al cabo de un rato ya están hechas las paces y todo igual?. Pues esto era igual, Valladolid era y es mi segunda casa y tengo claro que tarde o temprano me iré a vivir allí.

Además tuve la suerte de hacerme una foto con toda la plantilla del Pucela (os la dejo al final) y de que Marcos me regalara su chubasquero, y claro está de intercambiar mis primeras palabras con el gran Iñaki Bea que por aquel entonces escribía un blog en la página del Real Valladolid y en el que habló de mi dándome ánimos (Blog Iñaki) y me propuso escribir en el, cosa que nunca hice, así que le pido perdón por ello.

La semana entre Nochebuena y Nochevieja, fue de lo más normal. Ya salía todos lo días a tomarme algo al bar y se puede decir que la gente se había acostumbrado a mi y a mi "caballo". Pero claro todo no podía ser tan bonito ni perfecto.

Recibí una llamada de una amiga de Jaraíz (pueblo cerca del mio). Era Elena, una chica encantadora que casualmente había conocido a través de Clara ya que era una de sus mejores amigas. Me dijo que si podían ir a verme ella y su grupo (todas amigas de Clara) al pueblo, ya que se imaginaban que yo no iba a ir de fiesta a Jaraíz. Por supuesto les dije que sí y ella añadió: "¿Puede ir Clara?". Se me encogió el estomago, puedo incluso llegar a decir que me puse supernervioso. ¿Realmente quería verla?. Le dije dudando que sí, al fin y al cabo era la chica de la que estaba enamorado y ¿quién era yo para negarle a nadie una visita?.

Al día siguiente fueron a mi pueblo. He de reconocer que fue el único día que más o menos me arreglé como solía hacerlo cuando estaba de pie. La primera que entró fue Clara y abrazándose a mi madre le dijo que la perdonara. Mi madre respondió: "El que te tiene que perdonar está ahí sentado".

Se acercó me dio dos besos y me dijo que me veía bien. ¿Bien? ¡Y una leche!. Solamente atiné a decir: "Gracias, ¿qué te has hecho en el pelo?". Esa fueron las únicas palabras que cruzamos en todo el rato que estuvieron de visita. 

Fuimos al bar con mis amigos y yo intenté comportarme lo más normal posible, pero no dejaba de mirarla. Habría matado por un minuto a solas para poder preguntarle realmente porque no fue a verme, pero no pudo ser.

Esa ha sido la última vez que la he visto. Al principio intercambiamos un par de mensajes (algunos mios diciéndola que la echaba de menos, sí, siempre he sido un blando), luego ni tan siquiera eso. La última vez que "hablé" con ella le pedí su amistad, ya que una cosa no quita la otra. Obtuve un "Mejor olvídate de mi y espero que te puedas recuperar". 

Ahí acabó todo con ella. Me he quedado con las ganas de saber porque realmente no me fue a ver y de porque me niega su amistad.

Pero bueno, volvamos a la Nochevieja del 2007. Siempre había salido de fiesta ese día, imagino que como casi todos, pero estaba claro que esa noche no sería así.

Cené con la familia, todo iba normal, pero de repente me dio un bajón y me fui a acostar sin tomar las uvas ni nada. Sí, los valientes a veces nos caemos suerte que pronto nos levantamos.

Después de Reyes, llegó el momento de regresar a Cáceres. Mi casa no estaba adaptada y mis padres tuvieron que alquilar un piso muy lejos de el lugar donde vivía.

A los pocos días mis padres decidieron que era hora de empezar con la rehabilitación en casa, a lo cual yo al principio me negué ya que en Toledo me habían dicho que lo que no recuperará allí no lo recuperaría nunca. Nuevamente se equivocaron.

Y así fue como entro Felipe en mi vida que es como mi hermano mayor. He estado en su boda, en el bautizo de su primer hijo, que por cierto ya tiene la camiseta del Pucela, y hemos hecho multitud de cosas juntas y no hemos dejado de remar juntos para superar este golpe de la vida, pero bueno, eso ya es otra historia que ya conocéis.

Hasta aquí mi primeros meses desde el accidente hasta que me vine a Cáceres, lo demás creo que ya lo sabéis. Alemania, Santiago, Hormonas del Crecimiento...

Muchas gracias a todos los que me habéis estado leyendo, y por supuesto seguiré escribiendo. Además se me ha ocurrido hacer una entrada respondiendo a preguntas que me queráis hacer (vamos si queréis hacerlas y salen al menos 5). Así que si os animáis escribirlas aquí o en el mi twitter (@torres13aac).

Y bueno, ya sabéis "No nos ocurre nada que no estemos preparados para soportar"


miércoles, 18 de abril de 2012

Recuerdos. Toledo (Planta.Parte II)

Después de mi cumpleaños todo fue muy normal el resto de verano. Me perdí las fiestas de mi pueblo por primera vez en los 21 años que tenía, pero bueno, todo no se puede tener y menos en el lugar que estaba.

Seguía con la rehabilitación diaria con Alicia, pero a David se le acabó la sustitución y me pusieron a otra físio más mayor con la que el buen rollo no era tanto ya que tenía otras preocupaciones.

Cuando digo que hacía rehabilitación lo digo por decir algo, porque la atención de los físios era mínima. Demasiados pacientes en el mismo horario para tan pocos profesiones con lo que la mayor parte del tiempo de los 45/50 minutos lo pasaba solo haciendo pesas. La parte buena era la terapia que Alicia me dejaba quedarme todo el tiempo que quisiera ya que ella me ponía los "juegos" y yo los hacía solo. Normalmente pasaba sobre hora y media o dos horas, y además tuve la suerte de hacer amistad con más terapeutas jóvenes y había un buen rollo impresionante, incluso una de ella se caso y me llevo un puro de su boda.

Tampoco es que avanzara mucho la verdad. Iba cogiendo manejo con los brazos e incluso agarra cosas como por ejemplo una lata de Coca-Cola, pero imaginad la poca fuerza que tenía que para llevarmela a la boca me la tenía que acercar con los dos brazos.

Un día antes de terminar el verano mi madre se empeño en que me metiese en la piscina exterior con mi hermano. La experiencia no me gustó, pero gracias a meterme ese día me quité el miedo al agua y ahora "nado" cuando surge la ocasión.

Ya os he contado que la doctora Alcaraz me hacía la vida totalmente imposible para que su pronostico fuera acertado. Pues bien llegó un punto en el cual ni siquiera me veía en la habitación ni en su despacho sino en el pasillo y si nos encontrábamos.

Un día ya casi al final de mi estancia allí, descubrí que empezaba a mover un dedo de la mano derecha. Para mí fue un ilusión tremenda y fui a decírselo a la doctora. Su respuesta: "No te ilusiones, quizás en 10 años muevas otro". Golpe enorme el que me supuso esa contestación y se me quitaron las ganas de todo, pero suerte que mi madre me animó y pronto volví a tenerlas.

Ya en Diciembre y sabiendo que me iban a dar el alta, Alicia me propuso que pasará las Navidades en casa y que volviese en Enero durante un mes ya que habían salido unas técnicas nuevas para aprender a vestirse y quería enseñármelas. 

Adivinad quién se opuso, exacto la doctora Alcaraz, que encima si le dio esa oportunidad a un compañero de habitación. Esto no sentó muy bien a mi madre y pedimos el alta una semana antes de lo que tenía firmado dicha doctora.

Justo el día antes de salir del Hospital, tuve el placer de que me entrevistara el Norte de Castilla en el jardín del Hospital.

Poco más que contar aunque seguro que me dejo algo, pero han pasado 5 años y no me puedo acordar de todo. Ahora solamente quedaba la vuelta a casa.

martes, 17 de abril de 2012

Recuerdos. Toledo (Planta.Parte I)

Después de pasar un "mesecito" en la UCI por fin llegó el momento de bajar a planta. Intentaré poner lo más importante hasta más o menos Agosto y en la siguiente entrada desde ahí a que me dieran el alta. Pondré especial intereses en los primeros días y semanas y en alguna anécdota, ya que allí los días se caracterizaban por ser muy monótonos.

La planta a la que iban a "destinar" era la 2ª NO, en Toledo las plantas se llaman según el ala en el que estén. En cada piso hay 4 plantas que se denominan respectivamente NO, NE, SO, SE por los puntos cardinales.

Mi primera habitación fue enfrente de el control, perdonad que no recuerde exactamente el número pero después de cinco años hay detalles que se me olvidan, además es intrascendente.

Nunca había estado ingresado pero más o menos sabía como eran las habitaciones de los hospitales y esta era bastante diferente a las que había podido ver. Tres camas, cada uno con una letra (A, B o C), a mi me pusieron en la A de Antonio, de Ánimo y de A por ellos. Tres armarios bastante grandes. Un lavabo dentro de la propia habitación debajo de las dos televisiones con un gran espejo para asearte. Un servicio solamente con una ducha y un váter, ya que como he dicho el lavabo estaba fuera. Y sillas de ruedas por todas partes. 

Primer contacto superado aunque la impresión no fue muy buena, ¿sillas de ruedas? ¿sería ese mi destino?. Mucho que asimilar de repente.

Pronto me di cuenta que en planta todo era diferente que en la UCI. Teníamos "menú" para elegir la comida del día siguiente. Se podía elegir entre tres primeros, tres segundos y tres postres. Esto no quita que la comida fuera realmente asquerosa (al menos al principio) pero al menos podía comer lo que me apeteciera.

Pero lo que más me llamaba la atención es que cada tres horas nos cambiaban de postura para que no nos salieran heridas. Los celadores pasaban a las 21.00, 24.00, 03.00 y 06.00 por las noches para hacernos esos cambios. Al principio me cortaban todo el sueño, pero a las dos semanas ya estaba más que habituado y solamente habría un momento los ojos a los pocos segundos ya estaba despierto.

Otra cosa curiosa es que mis dos compañeros de habitación, Edilson y Antonio "El Americano", se "levantaban" de la cama para sentarse en la silla de ruedas y salir de la habitación, es más con ropa normal, nada del típico pijama que todos conocemos. Se levantaban a las 09.00 y no volvían hasta las 14.00, un poco de siesta y nuevamente se marchaban a las 16.30 hasta las 21.00. ¿Qué clase de Hospital era ese?, ¿Cada uno hacía lo que quería?. La curiosidad me picaba y claro tuve que preguntar.

Pronto me explicaron que por la mañana se iba a fisioterapia y a terapia ocupacional (ni idea de que era hasta que me tocó ir) y que las tardes estaban "libres" para hacer lo que quisiéramos dentro del recinto. En cuanto me dijeron esto me moría de ganas de salir de la habitación.

Mientras yo seguía con la traqueotomía abierta, ya tapada con un tapón pero aún no cerrada. Pero de repente empecé a mover levemente los brazos, apenas era capaz de arrastrarlos por la cama, pero bueno algo era algo.

Por fin después de dos semanas en planta me dijeron que me iban a bajar al gimnasio pequeño a ponerme en un plano. Ni idea que era un plano, tocaba nuevamente preguntar. Pues bien, es la cosa más sencilla del mundo. Una camilla en la que te sujetan con una cinchas en el pecho, cadera y rodillas y se va inclinando poco a poco hasta ponerse vertical. Esto sirve para que el cuerpo se vuelva a habituar a estar de pie, en mi caso sentado, después de tanto tiempo tumbado.

Después de un par de días subiendo pocos grados la inclinación todo parecía perfecto, pero claro ¿Cómo iba a ser tan fácil?. Nuevo problema. En cuanto subían más de la cuenta me mareaba y perdía el conocimiento durante unos 30 segundos. Causa: Tensión arterial baja. Solución: Medicación en forma de gotas de Efortil.

Un día cuando subí del gimnasio me esperaba una grata sorpresa en la habitación, tenía la visita de Víctor, Chema y Pablo (médico del Real Valladolid). Estuvieron conmigo un buen rato y me llevaron una camiseta con el 9 y mi nombre firmada por todos los jugadores y un cuadro precioso (que ahora está en mi habitación) en madera del escudo de Pucela.

Cuando el problema de los mareos ya parecía solucionado un Viernes tarde apareció una chica con una silla de ruedas en mi habitación con mi nombre. Silla totalmente gastada y arcaica. Me dijo que era de préstamo para que me fuera habituando a estar sentado. ¿Silla?, ¿Sentado?, ¿Préstamo?. 

Al día siguiente Jacinto (uno de los enfermeros) me dijo que ya había llegado el momento de levantarme a la silla y dar una vuelta por la planta, pero que no me alejará mucho que solamente iba a estar 30 minutos.

Había llegado el momento, iba a iniciar mi simbiosis con la que ha sido mi compañera desde entonces. Me sentaron entre dos celadores y no hubo mareo. La silla tenía respaldo reclinable y reposa cabeza. Me lo colocaron que parecía que iba casi tumbado, pero ya estaba sentado en la silla. Las manos encima de una almohada y la cabeza con una toalla que me protegía la cabeza de la dureza del reposa cabeza.

Mi padre me llevó a una ventana para ver lo que había. Me molestó mucho la claridad, llevaba 2 meses o más sin salir de un edificio y estaba blanco como la pared además de haber perdido más de 30 kg. 

Poco más de 20 minutos duré sentado. Primer contacto con la silla. No estuvo mal, al menos veía algo más que la habitación y el trozo de gimnasio.

Me fueron levantando progresivamente cada día más hasta que decidieron que ya era hora de hacer "vida normal" dentro del hospital y empezar a rehabilitarme.

Me dieron mi horario, primero terapia y luego fisioterapia, todo esto ya sentado en la silla. Por fin iba a descubrir que era la terapia ocupacional.

El primer día estaba nervioso, no sabía donde iba ni que iba a hacer. En seguida un celador me subió por unas rampas hacía otra sala enorme. La primera vez que venía esas rampas que luego tantas y tantas veces subiría y bajaría. 

Al llegar vi como los demás estaban "jugando" con fichas, velcros y similares. Al momento se presentó una chica joven. Me dijo que se llamaba Alicia y que iba a ser mi terapeuta durante los meses que durara mi hospitalización. 

Me explicó que allí fundamentalmente me iban a tratar de rehabilitar la movilidad fina de brazos y manos, para poder impulsarme en la silla, comer, escribir... Parecía entretenido y puedo decir ya a toro pasado que lo era. 

Después de estar con Alicia, un celador me bajó al gimnasio. Me asignaron un fisio. Otra vez tuve suerte, un chico joven, David. Hice buenas migas con el desde el primer momento ya que me sacaría solamente unos 7 u 8 años y era muy futbolero, lo que más llamaba la atención de él era su larga coleta hasta la mitad de la espalda.

En esta primera sesión se dedicó a movilizarme un poco y a contarme como iba a ser el proceso. Pesas, sedestación, movilizaciones... Yo alucinaba con todo aquel mundo que se me presentaba, pero una cosa tenía clara: Lo iba a dar todo y me lo tomaría como mi nueva forma de hacer deporte. Estaba claro que no había balón ni porterías de por medio pero había otras cosas.

Ese mismo día por la tarde mi madre me bajó al gimnasio para que viera las actividades que había. Baloncesto, pintura, inglés, pin-pon, informática... Vamos que el que se aburría era o bien porque quería o porque era un vago. Yo de momento no podía hacer nada porque no tenía fuerza en los brazos, pero lo tuve claro quería jugar al pin-pon.

Como he dicho los días eran muy monótonos y siempre se hacía lo mismo: terapia, fisioterapia y tarde libre. Yo me veía cada día mejor y un día decidí quitarme el reposa cabeza y subirme el respaldo a posición normal. Un dolor de cuello inmenso fue el resultado, pero tenía seguro que de esa posición ya no me movía.

A Alicia y David, se unió Monse, otra chica joven que llevaba electroterapía y a la que la rehabilitadora me mandó e iba después de las otras dos cosas.

Dicha rehabilitadora, la doctora Alcaraz, no daba un duro por mi e incluso le dijo a mi madre que por mucho que me esforzara iba a ser un mueble más del salón. Pobre ilusa, no sabía con quién lo estaba dando. Eso si, me hizo la vida imposible para acertar en su pronostico.

La silla que tenía era totalmente vieja como ya he dicho y no era para que el propio discapacitado la impulsara, pero un día (más por cojones que por otra cosa) decidí que yo quería moverme solo por el hospital y comencé a dar a la silla con la poca fuerza que tenía. Al principio la movía poco, pero cada vez llegaba más lejos. Al final, me dieron una silla nueva (la que me iba a quedar) de las que el discapacitado se impulsaba solo. Ya tenía "libertad".

Con esta libertad lo primero que hice fue apuntarme a pin-pon. Como no podía sujetar la raqueta me la ataban con una venda. Al principio era muy complicado, pero luego le fui cogiendo el tranquillo e incluso ganaba partidos. Lastima que desde que salí del Hospital no haya vuelto a jugar porque no tengo mesa para ello. La verdad que me gustaría volver a hacerlo.

Los días, semanas y meses pasaban. Mi madre no me dejó ni un momento solo y ni que decir tiene que mi familia se tuvo que alquilar un piso desde el primer día ya que eso iba para largo. Aunque el que de verdad me alegro la existencia allí fue mi hermano Javi, que con 13 años se pasó todo el verano conmigo sacrificando su verano.

Durante todo este tiempo recibí la visita de mi familia y amigos, pero los agradecimientos me los reservo para la entrada del Domingo que coincide con el quinto aniversario.

Ya lo último que voy a contar en esta entrada va a ser el día de mi cumpleaños (23 de Julio). Primer cumpleaños en silla, diferente pero que no malo.

Tuve muchos regalos (entre ellos la camiseta de Fernando Torres del Liverpool, al que se había marchado ese verano) y muchas llamadas, pero quizás una en especial. ¿Adivináis de quién?. Exacto de Clara. ¿Pensabais que no os iba a contar como quedó la cosa?.

Pues bien, cuando me sonó el teléfono (el Sígueme de Chloe) no le di la mayor importancia pero cuando mi madre me dijo es Clara me dio un vuelco el corazón. No había vuelto a saber de ella desde que estaba en la UCI y ni siquiera me había atrevido a preguntar por ella desde entonces.

Fue una conversación de lo más normal. -"Felicidades". -"Gracias". -"¿Qué tal estás?. -"Bien, voy tirando. ¿Tú que tal con X (chico por el que dejó a mi)?". - "Bien, cuando empiece el curso (estudiaba en Madrid) voy a verte sin falta que ahora estoy en Almeria (en su pueblo)". - "Vale, aquí estaré". - "Un beso, y felicidades".

Una conversación normal entre dos "amigos", pero ya me dieron ganas de que llegara Septiembre/Octubre para recibir esa visita. Pero claro, ¿por qué razón no había ido cuando con tanta ansia yo lo pedía?. No lo había preguntado hasta entonces aunque lo había pensado y más cuando se me perdió por el Hospital el anillo que me regaló cuando estábamos saliendo. Menudo disgusto bobo me llevé, dos días me pasé buscándolo.

Solamente dos personas sabían la verdad, ella y mi madre. Estaba claro a quién me tocaba preguntar y la respuesta no me gustó en absoluto.

Mi madre me explicó que la llamó para decirle lo que me pasaba y que estaba a punto de morirme y que lo único que preguntaba era por ella. Le dijo que iba al día siguiente que la esperara a tal hora en la estación de trenes.

Una vez allí, mi madre recibió una llamada suya de que no había podido ir porque le habían puesto prácticas. Mi madre dijo que no pasaba nada y cuando ese día pregunté por ella (yo ya sabía que ese día iba a venir) me dijo que vendría mañana que le había surgido un imprevisto.

Al día siguiente, cuando mi madre estaba otra vez en la estación recibió la misma llamada, pero que mañana iba sin falta. Así durante 2 o 3 días más.

Mi madre harta la llamó y le dijo que si es que no quería verme y le dijo que sí que al día siguiente iba seguro, pero que no hacía falta que la fuese a buscar, que cogía un taxi.

Nunca más se supo hasta el día de mi cumpleaños. En definitiva, que no yo muriéndome y pidiendo por favor despedirme de ella, y ella no fue porque no le dio la gana. 

Por supuesto la visita de principios de curso nunca llegó, pero aún quedaba otra sorpresa que contaré más adelante.

En definitiva, esos fueron mis primeros meses en planta, pero aún quedan cosas que contar.